miércoles, 20 de noviembre de 2013

Dichos de cafetería

Entonces, recuerdo haberle dicho en un tono como de Joaquín Sabina:

"No te hace una mujer más fácil o difícil,
el tiempo en el que te resistes a quitarte la ropa".

Frágil

¿Cómo es posible que puedas soportar ese vacío?
¿Por qué te empeñas en llenarlo de nada?

De un poema de Oliverio Girondo.

Beberé hasta despertar dentro de una botella de vino.
Hasta hallarme frágil y diluido en la comisura de sus labios.

Beberé para olvidar los días del calendario,
la tristeza que me nace en las rodillas,
los faroles que se desgastan sobre mi cabeza.

Sucede que llevo tres años sin llorar, 
Y las barricas que añejan mis lágrimas
se desbordan en cada bamboleo,
En cada conversación que empieza
[después de las once.

Sucede que el mundo me sabe poco,
Que las horas son pesadas pero sin vida.
Que toda la angustia en mis manos
necesita un hombro que la soporte.

Por la mañana siempre aparece el tipo barbudo,
con la mirada extraviada frente al espejo,
Con el alma tan enredada como su pelo,
Y la boca llena de vaho y mentiras sobre sí mismo.

En la mañana no suelo ni reconocer
el lunar con el que me acosté,
O las ideas que cambiarían al mundo,
Pero que guardé justo detrás del espejo
que ahora me señala. 

Sin embargo, durante el día,
el quehacer, las diligencias
y los halagos gubernamentales,
nublan momentáneamente
los terremotos íntimos.

Aunque cuando las tormentas de arena cesan
dejan descubiertos secretos ya olvidados.

Es de noche
y todos los fantasmas se ciernen sobre mí,
Como gárgolas en las cornisas de un castillo,
Son vigilantes de mi miseria, de mi amargura,

Y lo terrible es que no descansan,
día tras días desintegran mi paz
como si de un láser se tratara,
como cualquier objeto aproximándose al sol.

Son fantasmas sin dueño,
venidos del cosmos, de colores opacos
que se alimentan del sueño de los justos.

Condenan las vidas a sequías saladas
A posos eternos de llanto,
Al castigo de los que no duermen,
Al látigo de Dios,

Perforan el cielo y cercan la felicidad. 
La desamparan afuera de nuestro ser,
Sin permitirle a la boca tan siquiera
                                         Cobijar una sonrisa]

Entonces, no vale la pena.
No vale la pena levantarse,
ser amable con el mundo cruel,
ser sensato con los filisteos,
darle de comer a los ciegos de poder
y a los administradores miserables de las calles.

Nadie es ajeno a la tristeza.
Nadie es ajeno a la culpa. A la rabia.

Se acercan, penetran el barro.
Las cuatro paredes de esta habitación
donde vaga mi cabeza.
Ellos se ríen mientras les llora la piel.

Y el hombre de barba se acolchona en la inconsciencia.
Nada entra o sale de la habitación,
La atmosfera es cálida y asfixiante,
Y la luna quiebra los vidrios con su magnetismo intergaláctico.

¿Qué será de ella que no se muestra en el espejo?
¿Qué es esta sombra que descansa sobre mis dudas?
¿En cuales gavetas se guardan las risas que no se usan?
¿Y dónde enmarco la rabia de los días de noviembre?

Pero sucede que nadie es ajeno a la tristeza.
Sucede que nadie es ajeno a la culpa.

A la rabia. 

Lorenzo Barrios. 

martes, 23 de julio de 2013

Prosa para descubrirse solo

Todas las gotas golpean a la puerta de tu corazón,
El aguacero ensordece el alma, la nubla,
Los sueños arden como balsas en llamas,
El ojo mágico abruma tu mirada.

No hay razón para sentir miedo,
[¿Para ti, qué es el vértigo?
Si el abismo en frente es tan solo
    el bordillo de la acera.]

Siempre te aferraste a lo humano,
A la carne, a la sangre, a las recetas,
Al “bienvenido a casa”,
Siempre volaste bajo-con temor-al cielo.

Te resististe a los sueños ocultos,
A la sobredosis de insomnio, al amanecer,
Y el espacio, la masa que ocupa tu cuerpo,
Se preñó tan solo de milagros ordinarios.

                           ***

Abre los ojos y sueña…
Deja que el cielo aplaste tu pereza,
su inmensidad te hará sentir insignificante,
maravillosamente insignificante.

Algunos sueños se acostumbran a engañarnos,
se confunden en la piel, se impregnan en ella,
consiguen adueñarse del entorno,
despiertan intriga, angustia y amor.

Esculca en tu interior,
Las tripas que confeccionarán tu corazón,
Y aunque no encuentres dragones,
Hallarás mucho fuego.

                          ***

A veces, intento comprender,
busco entrar en tu cabeza
y reproducir tus pensamientos.

Sin embargo,
solo transcribo frases sueltas.

Entonces intento poblar tu corazón
y acariciar los sentimientos.

En ese instante, me aniquilo.

sábado, 25 de mayo de 2013

Nocturna

1
Domina mis sueños,
dirige las mareas, mis sentimientos,
Se adentra sin siquiera saberlo
en mi mente, mi jornada, mis recuerdos.

Embarga mis pensamientos,
los arrienda por las noches
y los libera al amanecer,
                      sencillamente,
me enmudece las madrugadas.

No se percata de su sonrisa,
del poder de sus labios,
de su pelo oscuro,
Sin embargo, su mirada es esquiva.

Presiente la inquietud de mis ojos,
buscando y rebuscando elogios mudos,
palabras subtituladas por sus caderas
con la naturalidad de un bosque
mudando su follaje.

2
Durante el día, tecleo y tecleo,
hago inventarios de aquella noche,
los clasifico, de un modo genérico,
sin menospreciar un poro, una sonrisa.

En las noches,
Reúno mis fuerzas para soñarla poco,
pero me invade hasta que sale el sol,
nada evita que mi mente emule el escote en su espalda.

Pronto, aquello que parece lejano,
estará justo al lado,
y los sueños parecerán reales
y su boca no se desvanecerá en mi almohada
y sus manos recobrarán el frío de aquella noche inusual.

domingo, 5 de mayo de 2013

Alturas de Parque Central


…subir todos los escalones del aire hasta el vacío,
rascar la entraña hasta tocar el hombre.

De un poema de Pablo Neruda.

¿Cuántos segundos toma estrellar el pecho
 contra el suelo desde un piso 33?

33 no es un número al azar o casual,
sin embargo, una vez en el asfalto resultará prescindible.

1
Al borde de una ventana abierta apoyé mis dudas,
mis miedos, mis verdades,
dejé correr el aire frío entre mis piernas,
miré al horizonte y no sentí nada, no había nada allí,
miré el fondo gris y encontré mi arribo, mi estación.

Proyecté la caída e imaginé todo lo que estaría pensando
una vez que mi cuerpo fuera presa de la gravedad,
pensé si moriría antes de caer al suelo,
si perdería la conciencia o entendería el universo
antes de impactar con el cielo.

Imaginé que pensaría en mi madre, en el viejo,
en los amores de copas, de cama y de cajón,
en los hijos bastardos, en los enemigos, los amigos,
Imaginé que pensaría en mí.

Brevemente indagué sobre lo que llevó a Paul Celan,
Hemingway, Quiroga, Monroe, a mi tío ciego, burlar la vida,
Desprenderse de ella, fugarse de todo.

Sin embargo, ningún cuento, ningún poema, ni siquiera
Una indescifrable historia contestó mi duda.

2
Por otra parte en el marco de acero,
Intenté calcular el segundo en que me arrepentiría,
en el que ya no habría vuelta atrás
Y sin embargo me sentiría resucitado,
vivo y libre,
Cuando realmente segundo a segundo
me precipitara a la muerte.

Porque en el aire no eres más que un mango
atraído por las manos de un niño,
solo que en mi caso no hay brazos que atajen mi indiferencia.

Respiré varias veces antes del descenso,
fumé al menos dos cigarrillos
que la brisa consumía rápidamente,

Jamás volteé a la habitación, que observaba en silencio,
Procuré temblar lo menos posible y escapar al exterior,

3
Asomé el rostro agredido por el viento,
la altura produce en mi un encanto único,
como una droga que relaja los músculos,
como perder la cabeza teniéndola puesta,
como ese instante místico en que uno se desmaya,
desvanece, flaquea, pierde,
como extraviarse en sus propias venas inyectadas de anestesia.

Nunca oí las voces que me impidieron hacerlo,
los gritos lastimeros o el llanto impotente,
nunca sentí el jalón, el abrazo que resguardara mi locura,
Tampoco esperé a que algo de eso ocurriese.

Por lo que procuré levantar mucho  mis brazos, estiré las piernas,
mientras todo el miedo se concentraba en mis rodillas,
me balancee en la cornisa sobre ninguna duda,
respiré hondo para soltar mis manos,
en un instante ya no pertenecía, abrí los ojos...

sábado, 6 de abril de 2013

Descifrar los sueños

Cerrar los ojos y despertar en el laberinto,
tocar y abrir las puertas a nuevos enigmas.

Asumir la presencia de aquellos que ves
pero no están realmente,
tan solo son bloques de hormigón con figura humana,
deshabitados de alma y sangre.

Andar sin rumbo hacia y en tu interior,
Guiado por los astros y el miedo,
Sin poder tocar lo palpable,
sin que tu abuelo muerto, tu madre histérica,
tus buenos amigos adviertan tu presencia,
Ni siquiera tu voz,
que se vuelve un tormento en tu cabeza
y es apenas un murmullo en el panteón de la noche.

Las casas y edificios se elevan al cielo,
todo es lejano y común, todo y nada lo has visto,
caminas convencido de que recordarás tu misión,
atento a las señales, a la vía de escape,
la escalera de emergencia]
Pero las señales son mudas, ciegas,
Te mareas sobre tus pies, vomitas,
Y la esperanza de encontrarte colisiona con tu infancia
con las noches de lámparas encendidas,
con la ausencia de tu padre, los ladridos
y extraños sonidos que perturban la paz de los inocentes.

Sin razón alguna, como es obvio,
el mundo que te vigila desde las raíces empieza a inundarse,
correr resulta tan difícil,
como si las manos de Dios sujetaran tus piernas,
en ese lugar no hay dos como tú,
la presencia de otros soñados resulta inútil
son incapaces de auxiliar tu angustia, sostenerla,
ayudarte a respirar sin el peso de un elefante en el pecho.

Miles de esquinas confunden tu destino,
empañan las voces que te guían,
pero tu boca muerde el camino a seguir,
nada te detiene en la búsqueda del inevitable momento
en que despiertas agitado sobre la cama,
corres y gritas,
sin avanzar un paso, sin ser oído,
pero te aproximas,
te desprendes de tu vida, la empeñas…
solo por alcanzar la luz, por descifrar las quimeras,
                                                           Verlas arder…

ahora, descansas a un paso de tu habitación,
no hay muros que impidan tu entrada,
la observas con ansiedad, con deseo,
cierras los ojos y despiertas en el laberinto.

Blanco

En el tambor

Mi cabeza es como un arma, un revolver,
siempre próximo a dispararse y a veces lo hace.

Punto de mira

Empieza por quemar las páginas,
sin contemplación, sin distinguir entre buenos y malos
arrasa todo a su paso.

Va dejando marcas como la de los cigarrillos en la piel.

Eyector

En el trayecto, las estrellas se desprenden del cielo,
caen de éste  como paracaídas en llamas,
incendiando la memoria y las respuestas.

A su paso, las miradas proyectan el calor,
en sus ojos es visible la extrañeza y el vacío,
sintámonos aturdidos intentando comprender
el significado de las palabras.

Disparador

El sonido que deja mi revólver,
El murmullo incomprensible de lo que espetan sus bocas,
Ambos se vuelven el eco insoportable
que derrumba los muros de Babel.

La luz no es suficiente,
las luciérnagas explotan tratando de alumbrar a los desolados,
los desiertos repletos de indiferencia-insolencia-.

Boca de fuego

En mi y en torno a mí, todo se achica,
se junta, se lastima, como reces al matadero
y la tinta indeleble que mancha mis manos,
devora mi instinto, mi identidad
en el mismo instante que se revela,

Quizás ya es tarde, muy tarde...
las iguanas ya empezaron a llegar.

Adiós a las luces, adiós a la ilustración.