sábado, 6 de abril de 2013

Blanco

En el tambor

Mi cabeza es como un arma, un revolver,
siempre próximo a dispararse y a veces lo hace.

Punto de mira

Empieza por quemar las páginas,
sin contemplación, sin distinguir entre buenos y malos
arrasa todo a su paso.

Va dejando marcas como la de los cigarrillos en la piel.

Eyector

En el trayecto, las estrellas se desprenden del cielo,
caen de éste  como paracaídas en llamas,
incendiando la memoria y las respuestas.

A su paso, las miradas proyectan el calor,
en sus ojos es visible la extrañeza y el vacío,
sintámonos aturdidos intentando comprender
el significado de las palabras.

Disparador

El sonido que deja mi revólver,
El murmullo incomprensible de lo que espetan sus bocas,
Ambos se vuelven el eco insoportable
que derrumba los muros de Babel.

La luz no es suficiente,
las luciérnagas explotan tratando de alumbrar a los desolados,
los desiertos repletos de indiferencia-insolencia-.

Boca de fuego

En mi y en torno a mí, todo se achica,
se junta, se lastima, como reces al matadero
y la tinta indeleble que mancha mis manos,
devora mi instinto, mi identidad
en el mismo instante que se revela,

Quizás ya es tarde, muy tarde...
las iguanas ya empezaron a llegar.

Adiós a las luces, adiós a la ilustración.

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