Un padre nuestro...con poesía.

Padre nuestro que estás en el cielo,

Si existes, que esta plegaria se eleve sobre las nubes

Cargadas de agua que sobrevuelan Sudamérica,

Y no permitas que se congele en el frío invierno de Europa.


Me diste un corazón fuerte,

Parte de mi fe y mi alegría quiero

Que se la des a la muchacha de los ojos color río,

Mi alegría más grande es tener noticias de su sonrisa,

Que las lágrimas vengan acompañadas de

Sonrisas para no perderme el arcoíris


Danos el pan, el amor, la paz y las ganas

De seguir viviendo en este mundo que nos

Arrebata de tristeza, rabia y a veces…soledad.


Por favor, te pido que su garganta no se seque,

Que su lengua no se pegue al paladar,

Para que el sonido de su corazón nos llene a todos

A través del metal entre sus manos.

Yo te prometo que ella a veces –si existes- piensa en ti.


No nos abandones, ni en la noche ni en el día,

Que la sabiduría multiplicada al cuadrado la acompañe

Por mucho tiempo más si esa es tu voluntad,

Pero si tu voluntad es su alegría, no te lleves sus tesoros.


Me diste un corazón noble,

Y si es egoísta este rezo, castígame a mí,

Pero haz de su corazón un Samán,

Que el amor la vista con toda su piel y que recuerde

Que ella es para algunos el centro de esta galaxia.


Perdona a todos los que nos ofenden,

Y perdona las ofensas para con tus hijas,

En el fondo traga nuestros rencores y cámbialos

Por una estrella de paciencia y perdón.


Todas las noches elevaré esta plegaria sobre

Las bombas que caen en Irak, para que una

Persona y otras cuatro flores que crecen a su lado

No pierdan su brillo.


No nos dejes caer en la tentación,

Que el mal no toque su puerta y que sus

Manos llenen de alegría a quien ella permita,

Pero entrégale a un hombre justo que la ame

Y que intente derrumbar su muro como yo lo

He intentado, para que crea de nuevo en los

Sueños que alguna vez juntos sembramos.


Me diste un corazón generoso para servir,

Eso hago ahora,


Amén, así sea.


Para Katharina Dikau.

Cagua, 21 de noviembre de 2010


De Luis Miguel Baclini.

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