Quiero una mujer que le de frío en las manos

By Toto Aguerrevere.

Tengo el atrevimiento de colgar este post en mi blog (pero sencillamente pienso que es grandioso) Textos como estos, simplemente lean algo más interesante que mi blog.

L.B

Estoy cansado de que todas me quieran y yo no tenga a nadie a quién querer. De entrar solo a algún lugar y hacerme creer que eso no importa. La verdad es que no me preocupa tanto la entrada; lo que odio es la salida. Detesto no tener a alguien a quién llamar un domingo en la mañana o a las doce de la noche un martes cualquiera a decirle que hoy, pensé en ella. En tener muchos amigos (demasiados gracias a Dios), pero en no poder salir a veces con los que quiero porque los hago sentir incómodos. Soy lo máximo, un viernes a las doce de la noche. Soy una incomodidad un martes a las siete, en una cena de parejas.

No me sirve el consejito de “ya vendrá”. El hecho es que tengo veintiocho años buscando, y no ha venido. En un mes exacto cumplo un nuevo año de vida. Y me molesta no tener a alguien con quien compartirlo. Odio mi cumpleaños por esa razón. No me sirve de nada, salvo para alimentar mi ya inflado ego, que trescientas mujeres me digan que me “adoraaaan”. Necesito a una sola, que no me lo diga, pero que yo sienta, que verdaderamente me quiere.

El problema lo entendí en clases de Golden Credit. No he sido específico conmigo mismo. Me he dejado llevar por eso de que “el amor es ciego” sin hacer una lista de las cualidades que yo busco en una mujer. El ejercicio de hoy en clases fue precisamente hacer esa lista de todos los indicadores que nos importaban a nosotros a la hora de buscar una pareja. Me pareció interesante al momento y voy a copiar lo que escribí porque sé que en algún momento voy a perder el papelito dónde lo anoté (una factura del Auto mercado El Patio). Es totalmente egoísta, y quizás no exista en el catalogo lo que yo estoy buscando, pero vale plenamente lanzar la flecha. Uno jamás sabe que tan cerca puede estar el arco.

Se busca: Una mujer. Bonita de cara, no muy blanca, que tenga el pelo largo (que no tenga rulos grasosos) y que lo sepa mover (siempre me ha fascinado el pelo, debe ser que es porque yo no tengo mucho). Que no sea más alta que yo (1.70), y que el tema de la dieta corporal no sea “el tema” que le agobie las preocupaciones diarias. Por eso no me interesa que sea flaca (no muy flaca) o gorda (no gordísima). Lo que necesito es alguien que se vea en el espejo y se guste. Que le encante ser mujer. Busco a una mujer que sea más inteligente que yo. Que me intimide a aprender más. Pero que se mate de la curiosidad por que le cuente todos esos “fun facts” y triviliades que yo busco detrás de las historias de la Historia. Que sea profesional, ambiciosa y con deseos de ser alguien importante (así sea que muera siendo solamente importante para mí).

Quiero a una mujer que le encante hablar de películas viejas (viejísimas). Que sea culta, y que sepa de arte para que me lleve como los ciegos por una imagen visual de todos los museos y cuadros que ha visto en su vida. Hablar inglés es indispensable porque yo no hablo español, sino que mezclo las palabras porque así es mi pensamiento. Hablar francés es un asset. No porque yo sepa hablarlo bien, sino porque me parece sexy. Que se lea el periódico y que comentemos las noticias como si los que ocupan la primera página fueran nuestros primos. Porque sobre todas las cosas debe sentir que Venezuela es otra más en la relación. Que cuando oiga la palabra “Venezuela” se le paren los pelos, sobre todo si lo oye de alguien extranjero.

La mujer que yo quiero debe ser detallista. Que bese sin razón alguna. Que le encante que la consientan (y que me consienta a mí). Sobre todo con las sorpresas. No voy a poder darle mucho pero espero se muera así sea con un pedazo de papel. Quiero que sea de buen carácter, honesta, capaz de sentarse conmigo y decirme todo lo que le pasa por la cabeza. No la entenderé pero por lo menos ella puede tener la confianza conmigo de decirme en mi cara que hoy, sencillamente no me quiere.

Que me entienda que necesito momentos en los que tengo que estar solo. Porque es ahí donde me vuelvo a reencontrar. Pero que sepa que cuando me encuentro nuevamente, al único sitio al que quiero ir es adonde ella está. Quiero una mujer que le pueda contar todos mis secretos. Y que cuando los oiga, comprenda porque he hecho las cosas que no he podido contarle a nadie. Que no viva muy lejos y que su familia comparta los mismos valores que los míos (Walt Disney es Dios, la Navidad es sagrada, todo lo demás en la vida no importa con tal de que haya un abrazo al final del día).

Busco a una mujer que se sepa vestir bien y que me sorprenda como se arregla en su sencillez. No busco un disfraz. Tampoco una que vaya en mono para el cine ni que use una tanga barata en la playa. No pido que vaya entaconada para el mercado pero que le guste arreglarse. Con las manos bien cuidadas y las uñas cortas. De esas que las otras dicen "que buen gusto tiene". Busco a alguien que cuando entre a algún lugar, todos se volteen a verla. Debe ser simpática, amable y gozona; alguien que entre por esa puerta, y todos se mueran por hablar con ella. Eso porque la mujer que quiero debe morirse verdaderamente de la risa.

Insisto en la risa porque debe ser particular y característica. Así yo la oiga a lo lejos. Como si el mundo dependiera de esa risa para saber si algo es cómico o no. Deseo una mujer que me entienda sin que le hable; que me vea a lo lejos, aún cuando está rodeada de trescientos hombres que se mueran por estar con ella, y con picar el ojo, ambos sepamos que soy yo quién la adoro. Porque yo no soy de celos. Que su sentido del humor sea igual de irónico que el mío y que me busque para echarnos los cuentos en la mitad de una fiesta. Y que a la hora de bailar se destape como las diosas. De esas en donde los demás hacen círculos para verla, porque no hay otra manera de desatarse en público que no sea esa.

Quiero una mujer que me enseñe cosas pero que sea una inútil tendiendo la cama. Eso yo lo hago mejor que nadie. Que me enseñe a cocinar y me devuelva la importancia de ir a misa. Busco a una persona que se identifique con mi mamá pero que sea adorada por mi papá. Que sea humilde y sincera y que le duelan las cosas que hay que dolerle a uno en esta vida. Que sepa que le tienen envidia y que trate a esa cualidad como lo que es: una impostora. Que sus amigos sean lo máximo y que ella piense lo mismo de los míos (aún cuando haya tres que no soporte). Puede ser grosera pero que le quede bien y sepa dónde usarla. Detesto a una mujer que le dice “Marica” a la otra. Que tome a la par que yo y si fuma, que tenga plena conciencia que algún día los dos tendremos que dejarlo.

Si peleamos, espero que sean por cosas que merecen ser peleadas y no por imbecilidades en donde ella sabe que puede ganarme. Porque yo no tengo paciencia para lo mediocre. Que me inspire a ser un mejor hombre todos los días de mi vida. Mejor aún, que me inspire a ser hombre. Que le encanten los niños y que sepa leer cuentos igual que yo y se ponga a correr con ellos y ser una completa payasa conmigo. Quiero una mujer que cante. No me interesa si canta malísimo. Solo espero que me llame porque en alguna parte del mundo, cuando yo no estoy con ella están poniendo alguna canción y eso le recuerda a mí.

Sobre todas las cosas, quiero una mujer que sea buena con todo el mundo. Que la gente me diga que soy el hombre con más suerte en toda la tierra porque la tengo a ella. Y que yo me vea en el espejo todas las mañanas de mi vida y piense lo mismo. Por eso quiero una mujer que le de frío en las manos. Agarrarle la mano y enseñarle el calor de mi mundo, será siempre el mejor regalo que pueda darle.-
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