El insoportable peso de la mugre

Parte I: El agujero negro.

Ese cansancio imperceptible que se embolsa bajo los ojos
Casi tan gradual como la luz que se hace noche en la ventana
En el haz de luz que atrapa los microscópicos restos de polvo
Que se desplazan lentos, pesados y dispersos sobre la piel

El desvelo de un loco que mira dos lunas en la noche
Los sueños de ojos abiertos que se vuelven pesadillas
Mientas la tristeza se filtra en las paredes
Nadie está a salvo del vacío,
                                Hasta las almohadas huelen la desolación en mi nuca.]

El insomnio puede ser devastador
Sobre todo si una mujer desnuda y en lo oscuro
Llora con los ojos hundidos en las sábanas
Cuántas imágenes son reales durante la vigilia
                                                [Cuánta angustia puede absorber el colchón.

Toda la mugre se pega a mi piel, a mi cabello,
El sudor frío que embalsama mis poros y mis ojos
Mientras la penumbra petrifica la noche en mi pecho
Solo respiro si abro la boca, pero el aire apenas desenreda su pelo.

Parte II: Mirar la luna.

Casi sin notarlo, distraído en el humo azulado,
Su escote gentil y perfumado me toma por sorpresa,
Guardo ese aroma con recelo, en mi almohada,
Mi in(conciencia) y mi nariz.

No puedo olvidar la boca que me ha tomado
Dejar que el corazón me abarque y sacuda mi cuerpo
Sabiéndola lejos, queriéndome solo, sin gusto
No puedo desconocer la piel, el tacto lo que ha sido mío.

Ella ve con claridad lo que mis ojos ocultan
Navega cielos sin estrellas orando que aparezcan
Pero un Dios vengativo solo le permite la luna
Esa claridad eterniza la tristeza nublando sus caminos.

Casi sin notarlo, su sonrisa se vuelve un faro
Un astro errante guiando su esperanza
Nada se da por perdido estando vivo
No quiero resignarme a abrazar su ausencia
[y orbitar en recuerdos de su boca.

Parte III: estrellas fugaces.

A veces nos equivocamos
Confundimos estrellas con satélites,
Vemos planetas moverse en el ala de un avión
Creyendo en el fondo que la lucecita roja
                                                Nos concederá un deseo]

Nos da miedo abandonar lo que somos
Me aterra mirar al cielo y no encontrarme con sus ojos
Sentir como sus labios se desasen de mi boca
Para volverse un faro intermitente
[Una lucecita roja que se desvanece.

Todo su amor me quema como un sol
Y sus besos me atan a la cama
El tiempo no nos basta para seguir acostados
Cuando sus abrazos se tornan días azulados.   

Soñé con ella cuando empezó a crecerme la barba
La tuve dormida mientras divagaba despierto
Ahora somos dos latidos con distinta frecuencia
Astros errantes surcando el cielo

Atraídos por el fuego que una vez los unió.]
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