martes, 13 de noviembre de 2012

Notas esenciales de lo que sucede en la oscuridad


1
Sabía que te encontraría,
Aunque ciega me hallaste.

¿O sería yo el que iba tropezando con el mundo? 
Buscando terrenos baldíos donde sembrar un amor.

El camino, los pasos erráticos,
cuando uno quiere encontrarse, 
terminan siendo una encrucijada catastrófica.

Nada bueno resulta descendiendo al interior,
esculcando la cajita que llamamos alma, 
Para terminar sorprendido de todo el alimento edulcorado 
con el que creíamos que nos encontraríamos a nosotros mismos.

Por eso tiemblo de miedo
cada vez que tengo la oportunidad
de quedarme en silencio
                     y revisarme.

Sin embargo, cuando las paredes se callan
y la noche es tan solo un lejano y estático ruido, 
me encuentro,
inevitablemente me expongo al encuentro, 
Doy cara con la frágil y delicada estabilidad, 
con las emociones licuadas y vertidas por equivocación sobre el mantel.

2
El mantel vendría siendo
lo que la vida me envasado durante el día, 
                             [es decir, solo cuando hay sol, 
Las manchas, (o la noche),
tienden a resaltar todo lo que evado                                                       creyendo que soy feliz.]

En las machas estás tú, 
con el pasado más presente e inoportuno, 
Cegándome con la venda de hipocresía...
...creyendo que el olvido no es amor.


En las manchas estás tú,
presente como el día de hoy distinguido en el calendario con negrita, 
el que me acobarda, al que he sido incapaz tan siquiera de mirar fijamente, 
de permitirle entrar y hacerlo mi huésped, 
o simplemente entregarme a sus curvas y desbordada bondad.

En las manchas estás tú, 
acercándote con rapidez a un destino desconocido, 
atraída a la tierra por la gravedad de lo sexos,
violada por la luz, por las palabras ordenadas y listas para amar.

3
Por eso supe que volvería a encontrarte,
tarde o temprano te hallaría en mi caja de temperas, 
con la etiqueta ilegible y la tapa mal cerrada.

Muerto de miedo cogiéndote en mi mano,
con el presentimiento de algo fatal, 
Sabiendo que nuevamente te habrías diluido
Quizás en un par de tacones rojos,
o en el pálido azul de una postal, 
mientras toda mi cordura volvería a ser un instante,
                                                Efímero,                                             [y nada más.