domingo, 20 de febrero de 2011

No te va a gustar

Gracias a la vida que me ha dado tanto...

De una canción de Violeta Parra.

1
Hablo de tu soledad,
de las llamadas perdidas
de las voces almacenadas
en el contestador telefónico.
Hablo de tu soledad,
abismo de todos los días,
insomnio de esta y otras noches.

Puedes jugar con estas palabras,
has de ellas una sábana o una alfombra,
pero has lago con ellas.

No me leas si quieres oírme,
no me oigas si quieres verme,
no me busques si lees y descubres
quien soy esta noche.

Los últimos 54 días te escribí al menos
una palabra cada mañana y una canción
antes de acostarme.

Debes saber que,

Ante el silencio, presumo lo peor.
Presumo que hay una pila de cartas
sin abrir encima de la calefacción.
Una bandeja de entrada abarrotada.
Una caja de zapatos llena de recuerdos
que pronto se perderán en el fondo del ático.

2
No te culpo, no te agradezco,
no te tengo y no te sueño.

Un día, mientras buscaba en mi
gaveta de insomnios, conseguí un
paraguas roto ideal para ver las estrellas,
pero decidí dejarlo donde estaba,
No tenía compañera para compartirlo.

Las estrellas que más me gustaban
se mudaron a otro hemisferio.
El río en el que yo me bañaba
dejó de sonar sobre las piedras.

No sé cuando dejé de caber en tus zapatos.
No sé en que momento nuestras conversaciones,
se volvieron (mal) subtituladas.

Pero, poco a poco he ido olvidando tu voz,
aunque me avergüenza infinitamente el miedo
que siento de que desaparezca por completo,
entonces, me arrojo al teléfono y espero
ansioso a que terminen los 15 segundos de
repique, y suene tu voz en el contestador
para confortarme o desarmarme. (no lo sé)

3
Yo sé que no te va a gustar.

Y de seguro esta carta también formará
parte de la pila sobre la calefacción.
Pero si la abres y te recuestas a oírme o
a leerme, (lo primero si aun recuerdas como
me oigo; lo segundo si mi voz ya no hace un
eco en tu cabeza) Sé que no te va a gustar.

Pero no importa,
porque mi ropa ya no se encuentra en tu armario,
porque tu cepillo de dientes ya no está
en mi baño.

Pero...

Te quise y aun te quiero,
te odié y te odio más,
te amé y no te olvido,
y cuando por fin te olvidé,
volví a recordarte.

Y te lloré,
lloré escondido en mis pantalones,
lloré mudo con mis amigos,
lloré acompañado entre mis libros,
lloré solo entre la gente.

Lloré, lloré para secarme y ser polvo,
pero me disipé rápido, lo suficiente como
para que nadie notara las huellas y no quedara
vestigio de que tu amor me dejó desnudo.

Y aunque en estos días no te tuve,
te encontré encaramada en mi cabeza,
colocada en mi mirada que ve al Oeste.
Te hallé bañándote en mi ombligo,
pero te perdí estrechándote en mis manos.

4
Recuerdo que una vez fui a buscarte,
te vi y supe que estaba perdido,
tu sonrisa se había convertido en un
semáforo de impulsos.

Detente, sigue, detente, con calma,
avanza, rápido, frena, ¿A dónde vas?

No volveré a ser víctima de esa sonrisa,
no seré presa de mis propias palabras,
ya muchas veces fui devorado por ellas,
sin piedad cada vocal se comía mis huesos,
cada frase era un hueco en el estómago, sabes,
ese abismo que nos regalan algunos pensamientos.

Y no voy a terminar con esas frasecitas de cajón:
que seas feliz en la vida y que cumplas muchos más,
Porque nunca fui un cliché, o peor, una de esas
tarjetas con un mensaje y ni siquiera mi nombre.

Como te encontré me iré,
como me voy probablemente nunca te encuentre,
pero eso si, como te encuentre alguna vez,
recordarás ese día en que escribí mi nombre
en un comodín y lo clavé en tu corazón.

"Las historias se acaban, simplemente se acaban."

L.B. Kat, febrero de 2011.

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