Palabras inéditas


Hoy consigo abrir una ventana.
Llenar de verde el mal karma.
Tengo un saco que empieza a llenarse de nuevas buenas; palabras que han lavado mi cara.
(sinceramente no hay tanta poesía en estos días, pero déjame intentar)

Hoy te hallé en mi billetera, retratada en una instantánea que me dejaste unos días antes de marcharte.
La tengo justo al lado de mi identificación, y cada vez que intento encontrarme (tu estás a mi lado)
Con esa sonrisa agrietando el cuero, derrotando imposibles. No es tan difícil distraerse viéndote.

Me gusta encontrarme contigo,
Colecciono momentos que te harían reír, aunque por ahora le pido a Dios (si es que existe) que estés riendo como nunca, que te falte el aire de la alegría. Porque amanezco pensando en lo que ha me ha hecho feliz: y entre muchas encrucijadas, buenos (y malos) poemas, diplomas, discursos celebres...me hallo con tu felicidad, tu sencilla y espontánea felicidad.

Soy un hombre feliz,
Escribo poemas a una mengana (que tiene nombre), cientos de personas me leen y creen que lo hago bien. (a veces me alegra rozar sus corazones) pero ninguna mirada, ninguna lectura pagana se compara con descubrirte inmersa en mis palabras, que hablan de ti, de Dios y de nuevo tú.

...

Supongamos que voy al grano.
Entre mi carencia poética y unas ansias de que todo sea mejor y no como antes, te escribo por este canal público e informal (y no como aquellos amorosos de cartas y secretos) que no he conocido mujer que haga arder mis palabras, como cuando tu las aprietas en tus manos.
En ese instante soy simple, soy verso, soy agua, soy miedo, soy cielo, soy llama.

Permiteme seguir encendido.

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